DE MÁQUINAS, COMPUTADORES Y FANTASMAS

El Cine Club de la Universidad de Chile, en colaboración con  GEFAUCh, está presentando una serie de películas acompañadas de una introducción y conversación en el ciclo de cine titulado  “Filosofía, ciencia y ficción”.

En la primera sesión (15 de Octubre) se proyectó Ghost in the shell, y la introducción y posterior charla estuvieron a cargo de Alfonso Pizarro, integrante de nuestro grupo de estudios. Para tal ocasión, Alfonso escribió el siguiente texto para que apareciera en el tríptico correspondiente a la sesión, y el tema a tratar fue la Inteligencia Artificial.

En un futuro próximo, las redes corporativas alcanzan niveles de desarrollo inimaginados. Los electrones y la luz fluyen a través de todo el universo. Sin embargo, a pesar de la informatización las naciones y los grupos étnicos siguen existiendo.

En el año 2029 la tecnología ha avanzado al punto de que partes humanas pueden reemplazarse con partes cibernéticas. Un cyborg (cybernetic organism), en el mundo de Ghost in the Shell, es una persona que posee un cuerpo en parte o enteramente constituido de prótesis. Parte del progreso en la tecnología ha sido la creación de una forma de encapsulamiento del cerebro que permite generar una interfaz entre la mente y todo tipo de redes, incluyendo Internet. No obstante, es necesario mantener intacto el fantasma (Ghost en inglés), que es responsable de nuestra autoconciencia, memoria, percepción, identidad, etc.

“Filosofía de la mente” se le suele llamar área de la disciplina filosófica que estudia la naturaleza de la mente, los eventos mentales, sus propiedades, su relación (o no) con el cuerpo físico, como es posible la conciencia, la naturaleza de esta, y así sucesivamente. De los variados problemas que trata, los de la identidad y la relación mente-cuerpo están desde sus orígenes.

Supongamos que, como en el mundo de Ghost in the Shell, es posible acceder a la mente desde los computadores como los conocemos hoy en día. Por supuesto que con tecnología más avanzada, pero el paradigma computacional se mantiene: lenguaje binario, distinción hardware-software, posibilidad de instalar/desinstalar programas, funcionamiento mediante algoritmos, etc. Esto asume de fondo una afirmación bastante fuerte respecto a la naturaleza de la mente: nuestras facultades mentales funcionan tal como un computador, es decir, están estructuradas y ordenadas sistémicamente y en principio pueden ser replicadas en algún otro tipo de material además del cuerpo humano como lo conocemos (es decir, es realizable de una multiplicidad de maneras). Sólo piénsenlo: distintos softwares pueden correr en distintos hardware. El programa “calculadora” puede ser implementado en un ábaco, por ejemplo. O en un dispositivo diseñado para hacer solamente eso. O como un pequeño dibujo de una calculadora en una porción de la pantalla de su computador.

Supongamos además que, seguido de lo último mencionado, tenemos la capacidad de modificar los elementos constitutivos de la mente, como si modificáramos un software en el computador. Siendo que funcionan de la misma manera, debiese ser posible en principio la generación de una interface computador-cerebro en donde podamos
interactuar directamente en la mente. ¿Qué pasaría si, como en Matrix, toda nuestra vida mental pudiese ser simulada por computadores? ¿Y si pudiese estar alterada y creada también? Como el caso del genio maligno de Descartes, que podía inculcar falsas creencias en el meditador

Este tipo de cuestionamientos son los que atraviesan a toda la serie y la película. Muchas veces sus protagonistas son conscientes de estos y muchas otras no, tal como ocurre en nuestra vida diaria: por ejemplo, se ha mostrado en últimas investigaciones respecto a memoria, que al menos una parte de esta, por muy vívido que tengamos el recuerdo, es una elaboración propia. De este modo, llevando estas conclusiones hasta sus últimas consecuencias, podríamos entrar a dudar, al menos en principio, de la solidez de nuestra propia identidad: ¿somos nuestros recuerdos? Y si no lo somos ¿seremos la capacidad que permite tales habilidades cognitivas?  No obstante, siguiendo lo último sumado a que anteriormente dijimos que la mente funcionaba computacionalmente: ¿qué pasa si esa capacidad es recreable por nosotros? Mediante, digamos, inteligencia artificial… pues así incluso ese fantasma que podríamos haber identificado como algo propio no sería un elemento a distinguirnos de creaciones tecnológicas humanas.

(Fuente:https://alfonsopizarroramirez.wordpress.com/2015/10/15/de-maquinas-computadores-y-fantasmas/)

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